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12 julio 2006

Noticias 002. Se derramó.




















Son las 8:13 de la mañana. Me levanto entre sombras, atino a ponerme las zapatillas y me dirijo torpemente hacia la cocina.
Con intención de desayunar, voy a la nevera, la abro, y veo que no hay ninguna caja de leche. Vaya. Tras varios intentos consigo sacar una de la incómoda caja en las que suelen venir empaquetadas. Pero eso no es lo más engorroso, ni lo más inútil. A fín de cuentas, agruparlas no es mala idea. Lo verdaderamente inútil, incómodo, y engorroso es el nuevo tapon que suelen poner a las cajas. Tanto los de "push" como los de rosca. Donde esté cortar una de las esquinas, de toda la vida, que se quiten esos inventos. Y no digo que nos quedemos recesivos en un pasado inamovible. Tan sólo digo que si uno se dispone a patentar un utensilio de estos, que se asegure de que cumple correctamente sus espectativas. Y esque estoy harto de abrir la caja y quedarme con el precinto que aisla el contenido en la mano. O peor aún, arrancar el tapón en cuestión. Otras veces, la función de tapón (Persona o cosa que produce obstrucción del paso. -RAE), no la cumple ni por asomo. Basta con inclinar un poquitín el recipiente para ver como empieza a fluir por todas partes el contenido. Y finalmente, lo que más rabia me da. Intentad abrir el "tapón" que previamente se ha visto empapado por ese mal cierre. Dado que suele quedar "cerrado" mediante un "click", al abrir o cerrar produce un fuerte impulso del líquido, que normalmente acaba salpicándote en la cara, lo que provoca que recurra a la expresión "me cago en la leche", nunca mejor dicho.
Por eso pienso, - ¿qué necesidad hay de incrementar costes en la producción, cuando este aparato, a mi entender, no sirve para nada? -.
Bueno..., yo seguiré, aunque me provean del chisme, cortando el pico de la esquina.


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