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15 diciembre 2006

Feliz Navidad....

Cómo cambian los gustos, cómo cambiamos.

Hace unos cuantos años, cuando tenía unos siete u ocho años, lo que podía disfrutar de la Navidad. Me acuerdo que estaba deseando poder poner el árbol y el Belén. Sobre todo el Belén. Mi padre y yo nos encargábamos de eso. El árbol era cosa de mis hermanas y de mi madre. Empezábamos a eso de las seis de la tarde, después de merendar, y nos daban las dos de la mañana... Todavía recuerdo cómo sonaba el típico papel de envolver paquetes con el que mi padre creaba las montañas de aquél pueblo en miniatura. A la mañana siguiente, una vez secas las pinturas que daban el toque de color, el serrín y el musgo artificial, poníamos todas las figuras.
Ahora, en cambio, tan sólo el toque de color del árbol de navidad se advierte en el salón. Yo no tomo parte en ese juego. Hemos cambiado, nos hemos hecho mayores. Las cosas ya no nos ilusionan. Todo se vuelve más superficial y las compras más innecesarias. Ahora la Navidad sólo ilusiona a los grandes centros comerciales.

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